No podía faltar este personaje, como casi ninguno de los cabecillas que dirigen la CEOE, amigos de trincar y de victimizarse cuando tienen que enfrentarse a un mercado minimamente competitivo. Desde hace muchos meses sorprendía (quiero decir que en un país del primer mundo sorprendería) su resistencia a abandonar un sillón bien remunerado aún cuando algunas de sus empresas estaban en la ruina y debería dedicarles toda su atención. Ahora resulta que el individuo se dedicaba a saquear su propia empresa:
Ferrán cobró un finiquito de 20.000 euros por dos meses de alta en Marsans
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